Es febrero y toca podar los rosales. La tarea ya se ha llevado a cabo y ahora la planta solo son tres o cuatro tallos que levantan pocos centímetros del suelo. Como cada febrero por estas fechas y en este blog he ido explicando como efectúo la poda y son ya cinco años , así que esta vez no lo haré.
Hasta hace pocos días habían capullos que todavía tenían energía para desafiar el frío y la lluvia.
La flor aguanta pocas horas abierta y busca el sol para canalizar al máximo su energía, dura muy poco.
Ya no hay rosas en el jardín estas son las últimas.
Una vez más la belleza de las gotas de agua sobre los pétalos me atrapa... ¿Cuántas fotografías habré hecho? Cada gota es una joya efímera . Las rosas mueren y las joyas desaparecen.
El Jardín duerme.









